
Es así que dos seres sintonizados en la misma frecuencia, al tener relaciones sexuales, no los mueve sólo la urgencia biológica, las perfecciones del cuerpo físico o la capacidad amatoria de cada individuo, a esto se agrega un sentimiento más amplio, profundo y duradero, donde uno procura proporcionar a la otra las más intensas y prolongadas sensaciones amorosas.
por Angel H. Ortiz
Al estar enamorado se fortalece la voluntad, la conciencia de la individualidad misma quiere afirmarse y engrandecerse para agradar al sujeto provocador de nuestra emoción sublime.
El proceso del enamoramiento se presta para la confusión de sentimientos, se quiere ser mejor, se desea hacer y tener más, un torrente de quereres se agolpa en la mente y el corazón, arrastrando a la turbación, al desconcierto, así como al esfuerzo dirigido.
Esta agitación del alma puede llevar a la parálisis en uno de los enamorados, es decir, a no hacer nada, al embobamiento. Esto conduce a perder la seguridad personal, a no tener fe en las posibilidades propias de crecimiento espiritual, intelectual y material. La inmovilidad encamina hacia la incertidumbre, ésta a la duda y de la desconfianza se transita a los celos y éstos principian a carcomer los cimientos de todo afecto, aproximándose, peligrosamente, a los umbrales de la obsesión.
Si el enamorado pierde la certeza de ser merecedor del afecto significa que no ha trabajado para hacer crecer el valor personal ante sí. Entonces la ausencia de fe en las cualidades y virtudes propias le hace sentir que la posibilidad de aferrarse firmemente al sujeto amado se desvanece. Hay quienes están apenas iniciando la etapa de atracción e inmediatamente se enganchan al matrimonio, restando tiempo necesario al periodo de enamoramiento. Cuando es así el porcentaje de riesgo de fracaso es mayor. Por el contrario al dar tiempo suficiente a la etapa de enamoramiento (conocerse) y luego se transita al matrimonio, aumentan los pronósticos de permanencia en la unión.
El enamoramiento es un sentimiento que colma a quien lo experimenta, llevándolo a practicar la templaza y generosidad, entre otros nobles sentimientos.
Por supuesto que el anhelo del individuo imbuido de amor es apoyar, antes que a nadie, al sujeto alborotador de esta maravillosa sensación, ayudarlo a que crezca y desarrolle, también, sus facultades intelectuales, emocionales y afectivas al máximo.
Es así que dos seres sintonizados en la misma frecuencia, al tener relaciones sexuales, no los mueve sólo la urgencia biológica, las perfecciones del cuerpo físico o la capacidad amatoria de cada individuo, a esto se agrega un sentimiento más amplio, profundo y duradero, donde uno procura proporcionar a la otra las más intensas y prolongadas sensaciones amorosas.
El enamoramiento es una de las experiencias más vivas, enriquecedoras y productivas de nuestra vida, al ser correspondido, se potencia un sentimiento positivo que influye en toda la personalidad de los afortunados seres. Cuando la pareja logra pasar del enamoramiento hacia la construcción de un amor en la que interviene el saber y su práctica, está caminando hacia el desarrollo de sus mayores potencialidades emocionales, orientándose hacia la amplia senda que lleva al amor real.







