
Si nos parásemos a ver al hombre desde la perspectiva de nuestros parientes los antropoides, con toda certeza nos verían como un mono prodigioso. El hombre ha conseguido tan grandes logros que así mismo se sorprende, su sed de conocer no encuentra satisfacción.
por Ana Ovelah
Los avances científicos y tecnológicos pueden enorgullecerlo sin lugar a dudas, mas esos adelantos no lo han llevado a beneficiar al total de la población humana ni ha conseguido una mayor comprensión de sí mismo. Esto debería ser suficiente para bajarle a su soberbia.
Con la evolución, entre las múltiples magias que ha conseguido obtener está el de la palabra, ha sabido nombrar todo lo existente y hasta las cosas encontradas donde su desembocada imaginación lo lleva.
Todo hombre o mujer tiene el poder de la palabra para ayudarse y ayudar pero ha olvidado cómo se usa con este propósito. Esta magia tiene su parte iluminada y su lado oscuro. Con mayor frecuencia de la deseable usamos la magia negativa de las palabras.
El poder oculto, místico, creador o destructor de las palabras es una magia que sale de ti para fundar o devastar; al brotar las palabras de mí ya dejaron parte de su efecto. Es decir, las palabras son el símbolo oral o escrito que viene de la región de la mente consciente o de esa zona misteriosa llamada inconsciente. Entonces si pienso lo que hablo, soy lo que digo.
La palabra es una magia bidireccional, al expresar lo que se agita en nuestro interior las emitimos para que otro las reciba. Si expresamos palabras para encantar permaneceremos encantados si son símbolos para hechizar quedaremos hechizados. Si van dirigidas para afectar estamos dañados, si para ayudar nos ayudamos. Creamos y recreamos nuestro pensamiento para mejorar o estropearnos.
La fuerza de la palabra es increíblemente grande, lo mismo puede llevar a impulsar el crecimiento y desarrollo de los individuos que a su destrucción y muerte. Pues la magia de las palabras te coloca en un territorio ilimitado o bien te esclaviza en una mazmorra estrecha.
Este sortilegio llamado palabras es como un búmerang, al lanzarlas reviran en tu beneficio llevándote saber, satisfacciones y alegría o en tu contra, acumulando amargura, tristeza y desamor. Tú decides.
Pero ten cuidado porque en el camino puedes encontrar hechiceros de oscuro corazón que han hecho de proferir imprecaciones un modo de ir sembrando mal, creyendo que los fortalece. Estos profesionales de la maldad se conocen de inmediato al expresar sus primeras frases. Evítalos. Otros son taimados y destilan su veneno sobre su ausente víctima, pero cuando te alejas, al estar con otros, su ponzoña la dejará caer sobre ti.







