Nunca en la historia de la humanidad habíamos sido tantos pero tampoco habíamos estado tan solos. La inteligencia humana casi domina al reino animal, al vegetal y mineral. La naturaleza se resiste a la aplicación del conocimiento idiota del hombre;...
por Hender Deep
Hoy día, como diría Josefina, en todos existe una actitud escapista por miedo y egoísmo, pero sobre todo por flojera, indolencia, pereza, descuido, desánimo, negligencia o flaqueza. Vemos espantable la realidad que nos tocó vivir. La incertidumbre, congestionada de amenazas sin forma, se cierne sobre nuestras cortas vidas en una confusión de negros augurios y atroces presagios.
Nunca en la historia de la humanidad habíamos sido tantos pero tampoco habíamos estado tan solos. La inteligencia humana casi domina al reino animal, al vegetal y mineral. La naturaleza se resiste a la aplicación del conocimiento idiota del hombre; por ello creemos verla agitarse estremecida, subversiva y abrumada, amenazando volverse en contra de ese ser consentido y malagradecido.
El pensamiento actual de los que rigen al mundo, en cualquier parte, está soportado sobre sólida plataforma sostenida por cuatro poderosas columnas: ambición, odio, poder y dominio.
No quiero extenderme en estas consideraciones pero tú y yo sabemos, sentimos o intuimos que estamos viviendo una época a la que ajusta muy bien la frase aquella del filósofo inglés, Thomas Hobbes: “El hombre es el lobo del hombre”. Aunque puedo agregarle un adjetivo para precisarla, quedando: “El hombre ambicioso es el lobo del hombre”.
Tú y yo conformamos a ese hombre genérico, pero me pregunto, ¿qué oponemos al lobo ambicioso para llegar a mantenerlo acotado, limitado en un espacio donde el daño que haga sea mínimo, hasta poder liberarlo en el monte donde no cometa perjuicios?
La tarea es ingrata o colosal. Cierto. Al ritmo en que vamos mejorando nuestra conciencia el plazo se antoja inmenso. Pero que pasaría si tú, yo, él, ellos, empezamos a hacer algo por cambiar lo que no nos satisface a nivel interno y en alguna medida el externo y, al mismo tiempo, vamos invitando a esta fiesta de cambios a amigos y parientes receptivos y, estos a los suyos y otros a otros y así hasta constituir una red regional, luego multiregional y más tarde planetaria. Tenemos este colosal medio llamado internet, usémoslo antes de que se lo apropie la trivialidad y la tontería en forma definitiva.
Sabemos que un pensamiento positivo infinitesimal que sea procesado y aceptado desde nuestro interior y traducido en práctica por cada individuo es mucho más deseable, de mayor duración y efecto que todos los cambios propuestos por extraños, no son asimilados y transformados por nosotros. No podemos conformarnos con ser pasivos espectadores o rebeldes e inconformes agrediendo a los mismos que padecen la perversidad del lobo. Estamos construyendo una realidad escalofriante, una humanidad ajena y enajenada al dolor de cada uno de sus individuos con el beneplácito de los que lucran y se benefician con la anuencia de todos. Propongamos caminos, analicémoslos y, sobre todo, hagamos algo.
Aquí tenemos está página www.amorconfiesa.com para empezar y seguramente hay por allí otras que proponen acciones semejantes.
Nunca como ahora la población tiene a su alcance medios efectivos para actuar desde la razón, difundir conocimientos, exponer y organizarse a distancia en pos de objetivos de alcance individual con efectos inmediatos apreciables por cada uno; más temprano que tarde se reflejarán en el entorno próximo hasta expandirse en comunidades enteras y, posiblemente, de alcance planetario. Esta es una vía verdaderamente inquietante pero requiere convencimiento, persistencia, entrega y, sobre todo, hacerlo.







