
Con el correr del tiempo por necesidades del sistema económico la educación se extendió y tuvo que hacerse más o menos pública. La ciencia y las necesidades sociales dieron en multiplicarse de manera increíble, las profesiones y las especialidades del conocimiento se tornaron de tal particularidad hasta tal vez chocar contra lo razonable.
por Ángel H. Ortiz
Esta frase del título parece cosa para reír, si no fuera trágica. Alguna vez la hemos pronunciado a modo de velada disculpa, de franca preocupación o cínico descargo de la responsabilidad.
Es de creer que cuando el homo sapiens se debatía por sobrevivir era justificable procrear a como diera lugar sin reparar en exquisiteces sobre el modo de educar e instruir a la prole.
Luego cuando el hombre empezó a superar el obstáculo de la sobrevivencia y a pesar de las catástrofes naturales (erupciones volcánicas, tormentas, inundaciones, sismos, etc.) y las calamidades propiciadas por el hombre mismo como las guerras de todo tipo, endemias, epidemias y pandemias; la población fue creciendo en forma acelerada por todos lados; la educación de los hijos se hizo cosa de alcurnia, únicamente los grandes señores podían darse ese lujo, aún así no se preocuparon por instruirse en el arte de ser padres.
Con el correr del tiempo por necesidades del sistema económico la educación se extendió y tuvo que hacerse más o menos pública. La ciencia y las necesidades sociales dieron en multiplicarse de manera increíble, las profesiones y las especialidades del conocimiento se tornaron de tal particularidad hasta tal vez chocar contra lo razonable.
Así tenemos en la medicina especialistas en las enfermedades humanas con subdivisiones a tal grado que el organismo ha sido fraccionado de manera prodigiosa. Sería buen ejercicio entretenerse en inventariar a tan vasto número de especializados. Para mi gusto ha llegado a tal grado de ridiculez que en broma hablo del doctor experto en el dedo meñique de la mano derecha. Aunque antes claro está tendría que haber eruditos del mismo brazo y luego de la mano.
Regresando al tema, con tanta especialización y en nuestros días de avances científicos sin precedentes tampoco los planeadores de la educación pública y privada han acertado en la necesidad de enseñar para ser padres.
Por ahí llegué a oír que en algunas universidades o institutos se ofrece una licenciatura en orientación familiar o algo parecido, a mi entender es lo que más podría aproximarse a prepararse para ser padres. Sólo que está un tanto difícil que todos aquellos que deseen formar pareja y familia se obliguen a cursar esta profesión.
Aunque de igual modo se encuentran por allí lugares que hablan de dar cursos o ser escuela para padres, mas nada formal como les gusta a las autoridades en la materia. Son intentos diseminados que al carecer de recursos y promoción se pierden.
Es notable que en la escuela media se insista en la conveniencia de que los padres asistan a cursos especiales para ellos, con la intención de saber comprender, apoyar y orientar a sus hijos. Observando que los pocos padres que asisten son aquellos cuyos hijos presentan el más alto grado de aprovechamiento. Esto es comprensible.
Ahora con las facilidades de la internet pueden hallarse sitios en los cuales hay artículos referidos a la importancia de mejorar nuestra actuación como padres, está vía es adecuada pero está sujeta a la voluntad de cada uno.
Es notorio el desaprovechamiento que se hace de las parejas cuando se encuentran en el período de enamoramiento y dispuestos a crecer juntos, lo cual se presta para ofrecerles la oportunidad de enterarse no sólo de cómo ser padres sino de algo que va primero, como hacer crecer el amor en pareja. Quien se ama a través del tiempo está en mejores condiciones de educar al hijo.
Hace poco oía que, de acuerdo con investigaciones realizadas en más de 30 países, el niño golpeado muestra un coeficiente de inteligencia menor al niño que no recibió maltrato en su familia. Esta es una de tantas consecuencias provocadas por la torpeza de quienes nos metemos a la profesión de padres con una ignorancia colosal de por medio.
Por ningún motivo se debe lastimar a un niño, pues se está dejando una huella emocional imposible de borrar.
La gente joven y con cierta preparación al tener el primer hijo(a) exclama “quiero ser la o el mejor amigo(a) de mi hijo(a)”. Otros que económicamente les ha ido bien y en su infancia tuvieron carencias dicen muy ufanos “mi hijo tendrá todo lo que no tuve”. Algunas mujeres ante la irresponsabilidad, ineptitud o machismo del padre, tienen la idea de concebir un hijo sin compromiso con la pareja para educarlo ella sola y evitar repetir la amarga experiencia. Otros pretenden que su hija(o) sea el profesionista que ellos no pudieron ser; el artista exitoso que los padres no fueron; los hijos se piensan como subsanadores de las carencias de los padres.







